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“«Es muy fácil hablar, Toni. Para ti es muy fácil, digas lo que digas, pero te aseguro que no me puedo mover. Las piernas no me responden. No puedo correr».

—Bah —le contesté groseramente—, ¡tonterías! ¡Claro que puedes correr! Estoy seguro de que puedes correr. Si al salir a la pista te dijeran que hay un francotirador en las gradas apuntándote con una pistola y que te dispararía cuando pararas de correr, te aseguro que no te pararías, correrías hasta llegar a Mallorca”.

(Conversación entre Rafa Nadal y Toni Nadal minutos antes de la final del Open de Australia 2009).

Pues más o menos de eso va «Todo se puede entrenar», del tío Toni Nadal. O sea, de la pulgada sobre la que hablaba Al Pacino en el discurso final de «Un domingo cualquiera»; de esa que en cada juego, o en la vida, marca la “puta diferencia entre ganar o perder. Entre vivir o morir”. Pero Rafa Nadal conoció esa diferencia desde siempre, gracias a su entrenador.

No es que Toni Nadal fuese el tío de Rafa, y su entrenador; sino que fue su entrenador, y su tío. El orden de los factores no crea desmerecimientos ni altera el producto, pero la primera construcción invitaría quizás a imaginar a un Toni oportunista y arribista. A un tío cualquiera —tanto en el sentido personal como familiar de la expresión— que se frota las manos cuando un día, de pronto, gira la cabeza y descubre a su sobrino envuelto en talento natural, como Son Goku, liquidando rivales uno a uno, a sartenazo limpio en cualquier club de tenis de Manacor. Pero sólo un envidioso o un ingnorante creería que las cosas en la vida son así.

Por cierto que una las pocas ideas yo creo que originales, dentro de un libro lleno de ideas fecundas, bien abordadas aunque por lo demás bastante manidas, es la del desmentido del talento sólo como una demostración de buenas condiciones. Toni Nadal defiende que lo que se ha venido a llamar “talento natural” no es ni siquiera talento, sino que el talento lo va certificando uno conforme va cubriendo su presunción, igual que el Camino de Santiago. Así, más o menos, el talento no sería el talento, sino la confirmación del talento.

“No hay tanta diferencia entre hacer las cosas y hacerlas bien”.

Toni Nadal abre el telón de «Todo se puede entrenar» advirtiendo que revelará métodos poco ortodoxos en relación con su manera de entender los procesos formativos en general, y los de Rafa Nadal en particular. Porque claro, como todo Dios sabe —y no deja de ser triste—, el autor sólo hubiera podido aspirar a una autoedición y a regalar el libro a familiares y coleguetas, de no ser porque en el fondo el protagonista es su sobrino, y no él. De cualquier manera, resulta finalmente que incluso aceptando, en el plano de la formación de un tenista, aquella inortodoxia advertida por Toni, el libro desenlata ideas súper acometidas, absolutamente clásicas, y en ese sentido el lector deberá sobrellevar una cierta frustración, porque la expectativa de estar ante el descubrimiento de algo novedoso no llegará a cumplirse.

Los primeros peloteos del libro son llevados a cabo mediante una crítica bastante aburrida —por ser expresada de un modo ultra manoseado— al sistema educativo español, en tanto que homogéneo e inflexible con las inteligencias múltiples (p. ej. la corporal cinestésica, válida para el deporte). En general, toda la primera parte de la obra —no sé si imprescindible para el conjunto de la misma—, está peligrosamente construida no tanto a partir de la figura de Rafa Nadal, como a partir de las convicciones personales de Toni Nadal en relación con un modelo sociocultural, más o menos mundial —pero muy español— que cambia. Puede ser interesante este enfoque crepuscular de valores, pero en ese alejamiento del anecdotario tenístico, Toni corre el riesgo —y hay testimonios que lo confirman— de que un lector aproximado al libro por su mayor interés en el tenis, lo termine lanzando por la ventana.

Transcurrida esa movediza primera fase de la obra, que por lo demás transcurre pronto, y ya con Toni mucho más apoyado en el tenis —y sobre todo en Rafa Nadal— para continuar hablando, el libro entra en su parte más suculenta y disfrutable, que por suerte para el lector durará ya hasta la última página. Toni tirará de hechos reales, casi siempre extraídos y bien escogidos de sus recuerdos junto a Rafa, para lubricar la exposición de sus propias ideas sobre formación, que ahora sí llegarán al lector sin aparatosidad.

Ideas fundadas con mucho celo defienden la creencia de Toni Nadal en el deporte como algo básicamente sencillo. Algo en lo que por su experiencia —y la prueba de Rafa Nadal no tiene poca importancia— conviene progresar atendiendo a las peticiones nada sofisticadas del sentido común, y hasta casi del instinto. La atención hacia detalles probablemente demasiado milimétricos (y no muy importantes) es sustituida por la atención máxima hacia la mejora de la inteligencia emocional en sus apartados más gruesos. El esfuerzo, la perseverancia, la humildad (que incluye predisposición al cambio), la sabiduría para tomar determinadas decisiones individualmente (promovida no dando peces sino enseñando a pescar), la disolución de la búsqueda de excusas en la adversidad (enseñando a autonegarse el derecho a no sufrirla y a que el dolor no es una patología sino una naturalidad), la conciencia limpia en relación con haber hecho en cada partido todo lo que dependía de uno/a, la formulación permanente de nuevas preguntas, etc., entroncan las convicciones de Toni Nadal sobre la mejor manera de educar, con autoridad pero sin autoritarismo, a un niño en formación, dentro del marco del deporte entendido también como una actividad formativa de primer nivel. O lo que es lo mismo, como un solicitante de valores para la vida.

“Cuando he escuchado de algún compañero que el tenis tiene estas o aquellas complicaciones, que nuestro papel es multifacético, que debemos tener una visión técnica de alta precisión o una gran capacidad psicológica, siempre contesto lo mismo que le dije a mi amigo Miguel: «Vamos, hombre, tranquilo, que lo nuestro no debe de ser tan difícil. Si lo fuera, ni tú ni yo sabríamos hacerlo».”

Con todo, en mi caso ha sido recurrente sentir, durante la lectura del libro y a pesar de las insistentes y precisas aclaraciones del autor —autoridad pero no autoritarismo, saludable entendimiento del concepto de “obediencia”, rectitud sí pero cariño también, etc.— que el pensamiento de Toni Nadal se pasa un poco de militarista, de marcial. Dejando a salvo que estoy de acuerdo, grosso modo, con su línea de pensamiento, me chirriaron varias de las ejemplificaciones con las que ilustra la manera en que Rafa Nadal fue objeto de sus creencias. Un niño sigue siendo un niño, y Manacor no es Esparta. Ni siquiera aunque el resultado haya sido uno de los dos o tres mejores tenistas de todos los tiempos, me siento de acuerdo con determinadas maneras, usadas por Toni Nadal, de “estirar la goma” de su pupilo.

Bien, pues aparte de los incisos para el autobombo en forma de opiniones de terceros sobre Toni, que no me han gustado nada porque opino que no pegan ni con cola; y de un tono narrativo, sobre todo al principio, un poco anestesiante por ser demasiado abuelocebolletil, «Todo se puede entrenar» me ha parecido un buen ensayo. Completamente recomendable e interesante, y que trasciende la temática deportiva aunque se construya a partir de ella. Una obra con muchísima carga de pensamiento propio pero al mismo tiempo muy intertextual, que promoverá en el lector la reflexión y el autocuestionamiento. Bastante sobria —y en ese sentido ligera y fácil de leer— y auténticamente motivacional; todo ello gracias a un autor que desde luego da toda la impresión de ser un hombre educado, respetuoso, sabio y abierto. Una persona con valores generales que siempre tendrán vigencia, y que son lo mejor que él mismo y su sobrino, por encima de los éxitos deportivos, nos han ofrecido y nos pueden ofrecer.

“[…] Y así es como se superan los problemas y se sigue adelante. ¿Cómo? Pues siguiendo adelante. No hay más. Esta es la única fórmula. Son tres pasos. Aceptar que hay que estar mal. No sentir compasión por uno mismo. Seguir trabajando”.

«Todo se puede entrenar». ALIENTA EDITORIAL. Primera edición: abril de 2015.

Reseña publicada en «Punto de Break» http://www.puntodebreak.com/2015/10/19/entrenar

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