Seleccionar página

Esta semana el neurólogo británico ha producido y mezclado, en una suerte de cóctel de sentimientos, dosis altas de conmoción, enternecimiento, nostalgia, pena, miedo, esperanza, en quienes nos hemos acercado a la noticia —dada por él mismo— de su cáncer terminal.

De entre lo mucho y muy interesante para rescatar de la obra de Sacks, llama sobre todo mi atención la idea de la ficción como algo que, en cada uno de nosotros, puede llegar a transformarse en una vivencia tan verdadera como las que hemos vivido en cuerpo y alma. Tan así fue en su caso, que para defenderlo Sacks contó cómo, según envejecía, fueron cristalizando en él recuerdos de bombas nazis cayendo junto a su casa londinense, cuando era niño. La sorpresa fue descubrir, gracias a su hermano, que sólo parte de aquellos recuerdos eran literalmente vivenciales, ya que algunos pertenecían a una época en la que él ya no estaba en Londres.

En general rehuyo convencidamente del discurso del abuelo cebolleta, en cuya realidad cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es verdad que vivimos tiempos en que la lectura ya no se practica como antes. Creo que esto amuralla nuestra capacidad —pocas veces tan fabulosamente probada como lo hizo Sacks con su propio caso— de vivir y de sentir las vidas de los demás igual que si fueran la nuestra.

“Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones […] “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias”.

Este espacio ha defendido el retorno a una lectura verdaderamente constructora de vastos territorios, de universos paralelos que en la mente del lector provocan la vivencia de otra vida aparte de la suya. Los sentimientos, las palabras, los triunfos y las pérdidas de quienes habitan en registros ficcionales amplios y hondos, como por ejemplo la novela, pasan a ser nuestros y nos amplían y vuelven mejores. Igual que las palabras de despedida de Sacks:

“Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura […] Me encuentro intensamente vivo y quiero y espero que el tiempo que me quede por vivir me permita profundizar mis amistades, despedirme de aquellos a los que quiero, escribir más, viajar si tengo la fuerza suficiente, alcanzar nuevos niveles de conocimiento y comprensión. Esto incluirá audacia, claridad y hablar con franqueza; trataré de ajustar mis cuentas con el mundo. Pero también tendré tiempo para divertirme (incluso para hacer alguna estupidez) […] No puedo decir que no tenga miedo. Pero mi sentimiento predominante es el de la gratitud. He amado y he sido amado; he dado mucho y me ha dado bastantes cosas; he leído, viajado y escrito”.

Share This