Primer libro de cuentos publicado por Tito —lo llamaremos Tito, porque es nuestro amigo—, y la verdad que me echó algo para atrás.

Es verdad: la meta de cada cuento es alcanzada mediante la concisión y la sencillez del lenguaje, pero salvo en un par de relatos, lo que subyace para mí no se obtiene con maestría incontestable.

La idea llega: uno lee y dice sí: Tito me habla de vanidad, de miedo al fracaso, de avaricia, de timidez. Lo hace con universalidad. Cualquiera podría leer esto, pero, PERO: los relatos quedan como sin remate, como desclavados. Hay margen de mejora, y sin duda lo hubo en un escritor que obró hasta el 2001. Y este libro es del 59…

Yo he leído por ahí relatos de Monterroso alucinantes.

Finalmente, en este libro está el relato «El dinosaurio», y eso sí que mola. Justifica enmarcarlo, envitrinarlo, coronarlo.

Contaba Tito en una entrevista que al principio el relato fue muy criticado, negado como tal. «No es un relato», decían los críticos.

Él, tan enfadado al final respondió: «Es verdad. Es una novela».

Genial.

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