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El viernes leí una entrada en Tecnoxplora titulada «La blogosfera ha muerto y deja muchos cadáveres en la cuneta». En este mundo donde los beneficios del pan bimbo son avalados por estudios seudocientíficos financiados por Grupo Bimbo, un estudio de Pew Research afirma que la mitad de los blogueros no actualiza su blog, y Tecnoxplora —que es un puto blog— dice que estamos muertos.

En cualquier caso a mí como “náufrago digital” —sobrenombre con el que nos define quien firma la entrada— de lo que afirma Pew Research me interesan otras cosas. Sobre todo:

“Mientras el blog parece haber alcanzado su punto máximo, los usuarios están publicando contenido en otros espacios sobre su vida, reflexiones sobre el mundo, chistes y enlaces en otras redes sociales de microblogging, como Twitter”.

No creo que se trate de entrar mucho al trapo con la presunta soplapollez que afirma la defunción de un cosmos dentro del que aún viven la mitad de sus habitantes. Sería algo así como decir que la Humanidad se ha extinguido cuando la mitad de los humanos están todavía vivos. Asimismo, es delirante la idea de que puede expresarse lo mismo en un tweet —118 caracteres máximos— que en una entrada como esta, en un blog. Los contenidos en Internet buscan polemizar, buscan la victoria por ko de un solo golpe (p. ej. “la blogosfera ha muerto”) porque la polémica atrae más tráfico y el tráfico genera más ingresos por publicidad, que es la manera en que se financia casi todo el mundo. Para muestra mi botón: yo piqué haciendo click en la noticia porque el título era muy amarillo.

Por otra parte, creo que sí es muy interesante —y estaría de acuerdo con que es peligrosa— la idea de conciencia de uno mismo como lector, explicada a través del hecho de ser asiduo a un tipo de lectura extremadamente breve, extremadamente hipertextual, discontinua, estrecha, y finalmente poco fortificante, poco nutritiva desde el punto de vista del alma.

No hace mucho escuché en formato sólo-audio un magnífico documental titulado «Descatalogados: la revolución digital en el mundo editorial», donde las intervenciones de algunos entrevistados —maravillosas bajo mi punto de vista y muy lúcidas— me hicieron tomar conciencia de este presunto problema al que nos enfrentamos hoy en día en relación con la lectura y sus auténticos, o al menos tradicionales, beneficios:

“En mi opinión, el riesgo es que la cultura llega en cápsulas. La información está fragmentada, dividida. Sin ofrecer una visión de conjunto”.

“La mayoría de la población intercambia mensajes todo el tiempo, aunque nunca lean […] Creo que sería muy penoso si sólo los profesionales o una mínima élite fueran quienes se sentaran a leer libros completos”.

“Existe un tipo de lector muy escaso. Es el que lee de una forma más profunda, y descubre que en alguna parte alguien a quien no conoce ha escrito una página describiendo sus miedos más profundos, sus ambiciones más secretas”.

“En un libro de 300 páginas es posible aprender cosas que no puedes aprender en una obra más breve. Casi puedes acceder a una vida alternativa completa. Es lo que yo obtengo de las novelas. Creo que he aprendido más leyendo novelas que de lo que me han enseñado otros libros”.

“Hay un efecto profundamente antidemocrático cuando las personas le vuelven la espalda a la oportunidad de leer. Si se carece de una conciencia de ciudadanía, que ha sido entrenada para pensar sobre ideas concretas, esa idea de democracia irá progresivamente haciéndoles más ignorantes. Mientras que la gente acepte la falacia de que no se necesita aprender para leer y escribir bien, estarán cerrándose de hecho a todas las oportunidades de acceder a ciertas cotas de poder en esta sociedad”.

“Estamos totalmente entrenados, sociológica y culturalmente, para precipitarnos hacia las cosas nuevas, sin analizar lo que perdemos”.

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