«¡Misterios de la manera de ser de los mortales que tanto aborrecen de lo que tienen para después echarlo de menos!»

 “La familia de Pascual Duarte”. Camilo José Cela.

He leído esta novelita, que advierte sobre todo de las bondades de la educación, a través de su carencia.

Quiero decir que si el autor sabía esto o si no, si pretendía vehicularlo o si escribió una novela en primera persona, súper directa, contando lo que tenía para contar, sin mayor pretensión, a mí me importa un rábano. La labor crítica con que si la influencia de Baroja o de la novela naturalista francesa me provocan un rechazo supino. Cela, en algún plano, también. Sabe a las entrevistas que dio, sabe a él, y me pareció siempre un poco altanero.

Dijo Soler Serrano que en el fondo era tierno.

La novela me parece buena. El dominio del lenguaje y del ritmo es esplendoroso, propio de un talento innato, y brutal. La capacidad descriptiva, impresionante.

Volviendo:

Pascual Duarte, el sustrato de cuya alma es bueno, carece no obstante de elementos no primitivos con los que defenderse de la contrariedad, y usa el instinto, que es la violencia.

El ser humano no es malo, el ser humano es animal, aunque distinto del resto porque puede usar la razón. Pero puede si lo enseñan, la conveniencia de lo cual es innegable. Esto es del año de maría castaña. Es platónico, del cuatrocientos antes de cristo. La educación es la llave para construir una sociedad mejor.

«—Y en dos años el mundo da muchas vueltas.

—Dos. Me lo dijo un marinero de La Coruña.»

“La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela.

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