Primera novela de Mario Vargas Llosa. Sólida, maestra, con un juego de estructura muy astuto pero no al alcance sólo de lectores con bagaje amplio. Se lo llama universalidad, que es en el arte cuando la excelencia y la accesibilidad se abrazan. Para mí algo gris, también, pero no sé desde dónde la obra se tiñe ante mis ojos en parte de este color. Sí sé que no es una sensación perecedera.

Crítica obvia al autoritarismo en general —aunque en la novela predomine el militar—, pero para mí subyace también un aprecio —mucho más tímido— de parte del autor hacia la disciplina marcial. Acaso Vargas Llosa, que estudió en el colegio militar donde transcurre parte de la novela y que de hecho escribió la novela porque estudió allí, se dejó seducir en parte por las bondades —¿las hay?— de la educación militar y en este caso de la leonciopradina. O tal vez sea un inconsciente agradecimiento a la aventura que le dio la ocasión de, citándolo a él mismo, comenzar a convertirse en un escritor. En todo caso él, que por algo es un intelectual de altos vuelos, no se atrevería a rebatirme ni en esto ni en nada (ni en nada que poseyese un mínimo de sentido):

«Un escritor no tiene la última palabra sobre lo que escribe. Creo que es un gran error preguntarle a un autor cómo es esto o lo otro».

Hasta un afamado crítico francés le dijo, discutiendo sobre un asunto clave: «Usted se equivoca. Usted no entiende su novela». Y él aceptó.

La novela entroniza maravillosamente el amor infantil y el adolescente dándole vehículo a través del acontecimiento literario.

La infancia es vista como el elemento que más irremediablemente modelará nuestra personalidad.

«La ciudad y los perros» es, dentro de su microcosmos, el reflejo de las relaciones humanas en sociedad.

Impresiona sobre todo la técnica de un joven Vargas Llosa, con ese estilo neutro ya para entonces riquísimo y eficaz, opaco ante cualquier tentativa de que su arquitectura fuera descubierta.

Gran novela, destacable y destacada entre las que inaguraron el boom latinoamericano. En todo caso antológica si se atiende a cómo el autor transmite su compromiso cívico a través de la historia, pero sin explicitarlo. He ahí el dificultoso terreno en donde Vargas Llosa se ha movido siempre como pez en el agua.

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